Julián, el paleto publicista, en las fiestas del Pilar

octubre 14, 2011 § Deja un comentario

Harto de realizar un estúpida campaña para Peugeot y tras escupir en su asquerosa arrogancia francesa decidí tomarme unos días de vacaciones, más bien me obligó Mr. Phoenix: “Paleto de los cojones, lárgate de aquí o nos harás perder a un cliente importante”.

De modo que cogí mi atillo y me propuse dirigirme allá donde hubiera diversión, llamé a mis amigos del pueblo, Evaristo y Rogelio, me propusieron ir a… ¡las Fiestas del Pilar! Me convencieron de inmediato: “Hay mucha fiesta, mujeres, diversión, conciertos, buena comida y hablan casi como nosotros”.

Gracias a una campaña que realicé para Renfe en la que se incitaba a los hombres infieles a coger el AVE con un claim: “La mujer de tu amigo está como un tren”. Me agencié con unos billetes y nos fuimos rumbo a Zaragoza.

Cuando llegamos alguien nos dijo: “Yeeeeeeee”. Hablaban el mismo idioma que nosotros. Todos, menos Bunbury, que hablaba como si tuviera un mejillón del Ebro en la boca. ¿Y por qué nos hablaba a nosotros? Porque Evaristo llevaba unas zapatillas que ponía “Converse”.

Pasaban las charangas por las calles con los peñistas borrachísimos y nos unimos a ellos cantando: “El caballo tira pa´lante y el caballo tira pa´atrás” y “El la punta del nabo tengo una almendra, la que tenga cojones que la muerda”. Aquello era el paraíso.

Llegamos hasta la plaza del Pilar donde tenía lugar el pregón mojados con el vino de la tierra, tirándonos cubos de cerveza y repartiendo calimotxo a los niños, pero no pasa nada porque son fiestas.

Seguimos a la marabunta de gente y aparecimos en una explanada enorme con unos pañuelos a la cabeza que llaman cachirulos, era Interpeñas. Gente a mansalva, decenas de carpas, conciertos, dj´s y mucho alcohol. Allí Evaristo ligó con Bunbury y Rogelio con un extintor, porque estaba muy caliente. Yo por el contrario conocí a una rubia despampanante de la Peña Delicias. “Quieres que echemos un vaso vino” “Mejor un litrico, que soy de Zaragoza co!”.

La había conquistado, ya me había olvidado hasta de Ralfy, mi corderito mascota. Me llevó a las vaquillas y yo planté unas patatas en la plaza, para que salieran bravas. Y de pronto, cuando íbamos a darnos nuestro primer beso…Zagala, la vaquilla más mala, me la arrebató de entre mis brazos. Le endiñó una cornada en la costado que la mandó para el otro barrio. El otro barrio era donde estaba el hospital, pero ya no se acordaba de mí. El amor había muerto y me habían pisado las patatas.

Siempre me quedaría Ralfy y los malditos franceses para sufrir mi ira. Pese a todo, me fui con muy buen sabor de boca de Zaragoza, es que me comí unas longanizas. Lo único malo que puedo decir es que fui a pescar al Ebro con mi Blackberry, pero no pude porque no tenía red.

P.D.: Evaristo se fue de gira con Bunbury. Rogelio compró un calendario de los bomberos de Zaragoza y se llevó el extintor. Todos conocimos a Paquirrín en un after y cantamos: “La Virgen del Pilar diceeeee, que no quiere ser francesaaaaaaa, que quiere ser capitanaaaaa de la tropa aragonesaaaa”

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