Julián, el paleto publicísta, llega a la Agencia de Modernos

abril 8, 2011 § Deja un comentario

A la mañana siguiente, Julián pegó un salto de la incómoda cama en la que dormía en la pensión, resbalando contra el suelo. Tal fue el estropicio que montó, que Ralfy pegó un brinco que a pocas estuvo de morir atravesado por el ventilador del techo.

Hoy era el gran día, su primer día de trabajo en la Agencia de Modernos y todo gran día requiere un gran desayuno. Le recomendaron que fuera a un sitio muy bueno, un tal Starbucks. De modo que allí fue:

–         ¿Qué desea?

–         Bella madrileña, póngame unos huevos fritos con longaniza, chorizo y panceta. Y de beber un vino de la tierra.

–         Soy eslovena señor, y aquí sólo vendemos toda esta variedad de cafés y muffins.

–         ¿Muffins? ¿qué cojones son los muffins?

–         Los muffins son unas deliciosas magdalenas rellenas miles de sabores.

–         Pues me vas a poner un café.

–         Normal, con nata, capuchino, descremado, con chocolate, de canela…

–         Joder con la que no ve ná.

–         Soy eslovena señor.

–         Pues eso. Ponme uno normal anda.

–         Son 5 euros.

–         ¿Cómo dice?

Tuvo que intervenir la policía para que la cosa no pasara a mayores, Julián tenía la sensación de que le estaban timando siempre. Así que corriendo a la agencia.

Dos horas y media después, llegó a la puerta y una preciosa secretaria abrió la puerta. Julián se quedo maravillado y le dijo:

–         ¿Quieres que arrejuntemos meaderos?- era un hacha ligando.

–         ¿Cómo dice?- dijo la bella secretaria.

–         Nada, que soy el nuevo, Julián.

–         Ah sí, Mister Phoenix le está esperando.

–         Ese no es el del detergente.

–         Jijiji, que bromista que eres Julián. La primera puerta al final del pasillo.

Mientras Julián recorría la Agencia de Modernos, se quedaba maravillado. Primero con la vitrina de premios: Soles de Oro, Premios de Cannes, al mejor Papá, galardones del C d C… Pero lo que más le llamó la atención fueron los especímenes que se encontraba a su paso y que le miraban raro. Llevaban pantalones que se les veían los calzoncillos, camisetas de colores extravagantes, zapatillas a cuál más raras, gafas de pasta, flequillos imposibles y tenían un dispositivo muy grande al cual llamaban “hayfon”. Julián les dedicó un:

–         Hola a todos

–         Paleto – sonó de fondo mientras se escapaban las carcajadas del personal.

Julián hizo caso omiso del comentario, pero se quedó con la cara del que lo había dicho.

El “paleto” llegó a la puerta de Mister Phoenix y entro sin llamar.

–         ¿¿¿¿Quién osa perturbar mis momentos de inspiración con las musas???- gritó el señor Phoenix con un enorme enfado.

Julián no empezaba con buen pié en la agencia. ¿Cómo reaccionará con Mister Phoenix? ¿Le partirá la cara al moderno que le llamó paleto? ¿Volverá a un Starbucks?

Descúbrelo en el siguiente capítulo.

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