Julián, el paleto publicísta, llega a Madrid

abril 1, 2011 § 1 comentario

Julián puso el primer pié en la capital de España, acababa de llegar del pueblo y una agencia de modernos esperaba su talento. Se encontraba en la estación de Atocha y tenía que encontrar una pensión donde hacer noche, de modo que preguntó a un transeúnte vestido de negro, guantes negros y sombrero negro. Pese a estar en verano, Julián no sospechó nada de su indumentaria. La conversación fue la siguiente.

–         Perdone mozo, ¿no sabrá dónde puedo encontrar una buena pensión para pasar unos días?

–         Sí, por la zona de Sol suele haber bastantes.

–         Por la zona de Sol dice el mozo, ¡Qué cachondo! Por la zona de Luna ¡no te jode! Tira a tomar por culo o te espiazo los dientes. A tomar el pelo a tu puta madre.

Así que ya que Julián no se fiaba de la gente se fue por su cuenta a buscar una pensión por Madrid.

Pasó por la calle Alcalá y no tuvo más remedio que preguntar a una dulce abuelilla:

–         ¿Esto aún es Madrid o es Guatemala ya? Porque llevo andando dos horas y me he cruzao con 300 indígenas. ¿No estarán grabando una película de indios y vaqueros?

–         ¡Que va hijo! Aquí en Madrid, desde que están los socialistas se ha llenado de extranjeros. Esto con Franco no pasaba.- mientras tanto alzaba la palma de la mano extendida hacia al cielo.

Visto el panorama, Julián creyó que le pedían dinero y depositó una moneda en la palma de su mano y se fue. Convencido definitivamente a no preguntar más a nadie en esa ciudad.

A la altura de la calle Montera, unas chicas muy descocadas le gritaban piropos a Julián:

– ¡Guapo, por 50 euros completo!

Por la mente de Julián rondó la idea de que en esta ciudad iba a ligar mucho. Echó una mirada a Ralfy, su corderito, y éste le devolvió una mirada cómplice de aprobación.

Finalmente ambos encontraron una pensión por la zona de Huertas, que era donde más a gusto se sentía Julián, plantaría tomates.

La pensión se llamaba “La cama está caliente y la posadera también”. Por 15 euros/día tenían cama y desayuno, además los chinches casi ni se notaban.

Al día siguiente tenía que ir a su nueva agencia y debía de descansar, después de todo no era tan difícil la vida en la nueva ciudad y parecía que se adaptaba muy bien.

¿Cómo pasarán la noche Julián y Ralfy en la nueva pensión? ¿Qué trabajo le encomendarán en la Agencia de Modernos? ¿Le atacará el oso? ¿Y el madroño?

Conócelo todo en el siguiente capítulo

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