Cap.10: Julián, el paleto publicísta

marzo 25, 2011 § Deja un comentario

El pueblo enteró se reunió en la estación de tren para despedir a Julián rumbo a Madrid, era la gran esperanza de su gente. Por fin uno del pueblo iba a triunfar en la capital. Tal era el entusiasmo que los habitantes de Pinalejo del Campo tenían en Julián, que le pusieron su nombre a la estación, pero no a la de tren, sino a la estación del año. En vez de llamarse verano se llamaría Julián. Era la estación ideal, ya que Julián se calentaba muy rápido.

El alcalde le hizo entrega de la llave del pueblo, pero antes se percató de hacer una copia para poder salir y entrar cuando no estuviera Julián. La astucia del alcalde era sobrehumana, por eso llegó a ser alcalde. La oposición nunca supo de que lado ponerse: o-posición tumbada o-posición de pie o-posición sentada. Así, que mientras se aclaraban él seguía gobernando.

El tren llegó puntual a su hora y Julián montó en él sintiendo un gran orgullo por sus paisanos, ajeno a que éstos habían hecho una porra para ver los días que tardaba en volver al pueblo derrotado por la gran ciudad. El que más había pujado por Julián era el propio alcalde con 8 días y 6 horas. Pobre…

La silueta de Julián desaparecía con su boina calada hasta las orejas, su cuerda que servía de cinturón, unos chorizos envueltos en periódico una mano, su corderito Ralfy en la otra y un atillo con sus enseres más básicos al hombro. Cuando ya apenas se vislumbraba a Julián, apareció un revisor. El pobre de Julián había intentado colarse sin éxito en el tren y lo echaron por la borda (La Borda era el pueblo de al lado).

Tuvo que esperar dos días a que pasara otro tren por su pueblo. Pasados esos dos días ya nadie se acordaba de Julián y tomo el tren sin que nadie le despidiera. Esa soledad le iba acompañar todo el viaje. La suerte estaba echada y la agencia molona de Madrid le esperaba.

Tras 8 horas de viaje, el tren efectuó su entrada en Atocha y Julián estaba sorprendido. Nuca había visto tantas vías juntas en su vida. Y él que se creía que estaban en “vías” de extinción.

La aventura de Julián comenzaría cuando pusiera el primer pie en tierra y encontrara un baño para digerir los auriculares que le habían dado en el tren y que se había comido creyendo que era un aperitivo. Cuanta razón tenía el revisor que le dijo “se escuchan que te cagas”.

¿Como será la primera impresión de Julián en Madrid? ¿Y la persona a la que primero conocerá? ¿Se irá a una pensión o alquilará un piso en Chueca? La respuesta en una semana…

 

 

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