Cap. 7: Julián, el paleto publicista

marzo 4, 2011 § Deja un comentario

Una vez deportados a su pueblo y con una orden de alejamiento, Julián y Ralfy apuraban sus días de verano en Pinalejo del Campo bailando con la charanga, tirando piedras a los gatos, haciendo gincanas a ver quién bebía más melocotón con vino y robando gorras de la Caja Rural. Era el verano perfecto, pero Julián todavía tenía que encontrar una agencia de publicidad en Madrid en la que hacer sus prácticas gracias a la Beca Diógenes (conseguida gracias a la mierda que le dieron sus vecinos).

El sueño de conocer a Doña Teresa Rivero seguía intacto en la mente de Julián, así que envió el currículum a una empresa sólida de nuestro país: Nueva Rumasa. Una empresa que hacía flanes Dhuliciosos como un Rayo de rápido y que no tendría problemas para aTrampar a un joven talentoso, no era un Gorriaga cualquiera.

De tal modo, que fue a pedir consejo al maestro del pueblo y éste le dijo:

–         En Madrid no te fíes de nadie. Alguien que se llama Zapatero y no arregla zapatos dice mucho de esa villa. Yo estuve allí una vez en la calle Callao y ahí hablaba todo el mundo. No tienen respeto por nadie y van vestidos con cajas de la marca “Compro Oro”. Fui por la noche a Sol y debía de haber un eclipse, porque allí ni siquiera asomaba un rayo. Además, eso de que está lleno de gente comiendo las uvas al son de las campanadas es todo mentira.

Julián acogió el consejo como si fueran Esteso y Pajares quien se lo hubiera dado y recapacitó. ¿Y si doña Teresa pasaba de él?

Por si acaso echó instancia en otras agencias.  Aunque su agencia favorita era una innombrable que le había dicho una niña bipolar que se le apareció en la curva del arroyo, cerca de la tapia del cementerio y el puticlub de Sor Raimunda.

–         Yo trabajo en una agencia de publicidad y lo odio, es tan genial. Pero no me hagas mucho caso porque soy bipolar o no.- le dijo la niña.

–         ¿Bipolar? ¿Eres capaz de comerte dos polos a la vez?- respondió Julián entusiasmado.

–         Cállate paleto y dime algo.

–         ¿Quieres que hagamos un guateque con las canciones de Parchis? Las tengo todas.

–         ¿Tú tienes mote de pueblo? Todos los de pueblo tenéis. A mí por ejemplo me llaman la Duracell, porque es mi nombre de pila. Como las pilas también son bipolares…

Ante tal contrariedad, Julián no tenía respuesta, así que hizo lo que todo el mundo en esas situaciones: asintió con la cabeza sonriendo mientras huía lentamente de allí arrojándole a su dulce corderito Ralfy a la cara.

Las instancias en las agencias estaban echadas y ahora sólo tocaba esperar a que le llamaran de alguna. En la carta de presentación de Julián se podía leer: “Yo Julián. Encantado”. Más presentación que esa no se podía hacer, así que estaba convencido de que le iban a llamar de un momento a otro. Ahora sólo le quedaba exprimir sus últimos días en el pueblo y despedirse de sus compañeros. Doña Teresa Rivero le esperaba y el príncipe llegaba. ¡Juá!

¿Llamarán a Julián de alguna agencia? ¿Coincidirá con la niña bipolar? Descúbrelo en el siguiente espisodio

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