Julián, el paleto publicista

febrero 1, 2011 § 1 comentario

Finalmente Julián aclaró su mente, se puso en el lugar de los turistas que siempre acuden a la casa del boticario en Semana Santa para hacer turismo rural, lo que de toda la vida ha sido “ir pal pueblo”. Cogió su pluma cartográfica de Naranjito y se decidió a responder a la única pregunta del examen: “Si te encuentras repartiendo propaganda del Carrefour en un portal de Madrid y al tocar todos los timbres no te abre ni el sereno ¿qué harías?”

Julián marcó la opción b: “Creas un debate de la Ley Sinde con la vecina del 4º y la del 3º por el portero automático mientras lo grabas con tu tocadiscos y lo cuelgas en la red del pueblo (la que utiliza el Jacinto para pescar sirulos en el río)”

Era el último alumno que quedaba en clase y de esa respuesta dependía su licenciatura. Al entregar el examen a su profesor, le vino un delicioso hedor a chorizo que le recordó a su padre, que llevaba 5 años encerrado en la cárcel por chorizo. El profesor leyó su respuesta, le miró a los ojos con una tierna mirada paternal y le dijo: “Julián, ya eres licenciado. Has respondido justo lo que quería, un publicista no puede tener alma, vendería a su madre por una ración de oreja de gamusinos. Te auguro un gran futuro en el mundo de la publicidad”

Julián no pudo reprimir su emoción y fue a celebrarlo al puticlub junto con Ralfy, su adorable cordero. El puti, perteneciente a una antigua monja que confundía la “s” con la “z”, estaba desbordado de jornaleros después de la recogida del melocotón. Julián tenía que aliviarse y trato de hablar con la monja regente, Raimunda, que debido a su problema de dislexia le había puesto por nombre al antro Zorrainmunda, en lugar de Sor Raimunda. La vieja monja no le permitió la entrada por ir acompañado de Ralfy y se echó a reír malévolamente, Julían no lo entendió, debía de ser la gracia de Dios.

De tal modo que Ralfy fue el que pagó las consecuencias… de todo. Una vez aliviado Julián, llegó a su casa y sus amigos le habían preparado una fiesta, estaban todos: Ambrosio, su mejor amigo; Anisia, su antigua novia; Hermengildo, Roseldo, Joaquín y Estalentado, sus compañeros de clase. Junto a ellos se encontraba Jesús Calleja, que había ido a realizar un reportaje sobre la vida en el pueblo. No tuvieron piedad con él, lo utilizaron como piñata, como capote en la capea, los gatos del pueblo le tiraban piedras… era el mundo al revés. Finalmente acabó en el abrevadero esperando ser rescatado por su cámara, que se había acogido a sagrado en la casa rural.

Calleja terminó tan mal que pasó a apellidarse Callejuela, ¡que digo Callejuela!, Recoveco.

En el próximo capítulo… ¡Julían le pide una beca al alcalde! ¿Se la concederá? ¿Morirá Calleja? ¿A qué sabe el aire?

Descúbrelo en el siguiente episodio.

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